jueves, 18 de julio de 2013

Un mensaje en una botella

Estando a punto de acostarme, después de un día... pues normalito, de estos que sabes que dentro de una semana ni recordarás... he leído una frase. La frase no tiene la menor importancia en esta historia, pero el caso es que esa frase me ha llevado al autor, y del autor a otras frases suyas... y una me ha encendido una bombillita en la cabeza. No una idea, sino más bien un objetivo.
Se dice que antes de morir se debe tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Puede que algún día plante un árbol, tener un hijo es algo que no me voy a plantear ahora y escribir un libro... pues bueno, si junto todos mis delirios sin conexión ninguna siempre le puedo poner una bonita portada (o en su defecto cualquier desastre salido del paint) y guardarlo en el estante donde se guardan esas cosas que quieres conservar y que ves muy de vez en cuando, cuando ya empiezan a acumular polvillo.
Pero hoy he descubierto que hay otra cosa que me gustaría hacer. Es una idea un tanto infantil, para qué negarlo, pero aún así me motiva. Y hacer algo que te motiva, mola. Es escribir una carta, meterla en una botella y tirarla al mar. Sí, lo dicho, es una idea infantil y un tanto peliculera pero... ¿a quién no le haría ilusión encontrar una botella con un mensaje?

Lo mejor de todo es que no sabes si ese mensaje llegará a alguna persona. Puede que se quede en el fondo del mar, que se rompa y se borre todo recuerdo... pero tú eso nunca lo sabrás. Y en tu cabeza te vendrán imágenes en los que verás a niños corriendo hacia sus padres con una botella entre las manos como si hubieran encontrado un tesoro, o a alguien perdido (no espacialmente) que encuentra algún consuelo o ánimo en esas palabras que escribiste por capricho, o simplemente a alguien al que le guste guardar objetos curiosos, y sin saberlo tienen tu letra en su corcho de la habitación.

Es lo bueno de no saber el final de las historias, que tienes la capacidad para imaginarte millares de situaciones, de ver muchos finales o, más que finales, muchos puntos y seguido. Porque no hay nada que acabe del todo siempre que alguien lo recuerde. O eso dicen.

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